No hay mayor acto de valentía que saber rendirse a tiempo.
Yo nunca fui valiente. Por eso no me he rendido.
Continúo luchando porque no puedo evitar ser lo que siempre he sido: inconformista, soñador.
No me rindo y me dejo llevar por la inercia de mi propia vida; eso es lo más fácil, continuar. Seguir avanzando sabiendo que mi cuerpo no podrá cargar con tal cantidad de sueños por mucho más tiempo. Mi maldición es saber, pero no poder detener el marchitar de mi cuerpo.
Hay cosas que ya nunca podré hacer; lugares a los que ya no podré ir; personas que jamás conoceré. Soy consciente de ello, pero no quiero reconocerlo. Me niego. La cobardía me lo impide.
Tengo miedo de dejar de ser yo; tengo miedo de morir siendo otro; tengo miedo de perderme y olvidar el camino que siempre quise recorrer. Tengo miedo de rendirme.
Por cobardía me defiendo de los ejércitos regulares de lo establecido e intento huir de lo ordinario. A golpe de teclado intento detener el avance de las crueles legiones que te convierten en uno más, olvido. Pero no lo consigo.
Pienso. Escribo. Lo digo.
—Yo te invoco en este mundo, el real, el que tanto tiempo he vivido. Yo, tú, unoido.
Sigo escribiendo. Vuelven mis delirios.
La espesa niebla inunda mi habitación de un blanco que nace de los sueños. Acaricio las silueta de los arboles con una mano mientras con la otra, araño los recuerdos de la cicatrices que recubren mi estomago. Puedo oler la humedad putrefacta de todos los cadaveres que bajo mis pies, sueñan estar vivos. Escucho mi nombre, su nombre. Pablo, unoido…
Cierro los ojos con fuerza. No hay silencio. Solo un persistente pitido.
-Maldición! – Grito.
Abro los ojos. Miles de mascaras me rodean. Tras ellas, los cuerpos de todas las vidas que podía haber vivido. Un infinito numero de posibilidades, cuyos versos aún no han sido escritos.
-Quiero sentir intensamente todas mis posible vidas. No quiero rendirme, quiero vivirlas.
Me dejo llevar or la inercia, mi inercia, la que me ha traído hasta aquí y de la que no puedo escapar.
Alargo mi mano tatuada y acaricio una de las mascaras, una de mis posible vidas, y escribo. Escribo notas, palabras, símbolos, y ahora mas que nunca somos, unoido.

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